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El Teatro Circo se inauguró en el mes de octubre del año 1895 en lo que entonces era la prolongación de la Calle Campos. Se trataba de un amplio edificio de forma redonda y hecho totalmente de madera. Lo construyó Esteve Pérez Contrí (1858-1934), carpintero de profesión, y le puso el nombre de Circo Ecuestre. En principio se hizo pensando en atracciones de circo y acogía un espectáculo estable con caballos, pero pronto empezó a rivalizar con el Teatro Principal y se convirtió en el escenario preferido por los grupos de teatro local que, prácticamente todas las semanas, presentaban alguna función. También las compañías itinerantes de variedades alquilaban las instalaciones del Circo Ecuestre para ofrecer espectáculos que iban desde las representaciones teatrales más variadas hasta las actuaciones de cantantes, ilusionistas, prestidigitadores, cómicos y orquestas.

El gran y atractivo barracón tenía la entrada por Marqués de Campo y, en la parte de la calle Colón, había unos establos para los caballos que constituían el motivo central de las funciones de los primeros años. Los animales tenían un domador fijo, un hombre de nacionalidad incierta y de nombre Saniuiro-Ulski.

El Circo Ecuestre, que ya en los primeros años era también conocido con el nombre de Teatro Circo —nombre con el que se identificaría a lo largo de su historia— fue testigo de las primeras exhibiciones de cine de las que se tiene constancia en Dénia, utilizando los mismos aparatos de proyección que las compañías ambulantes de variedades habían incorporado a su oferta en la primera década del siglo.

Aquel impresionante palacio de madera consiguió mantenerse más de 25 años, hasta que llegó la hora de adaptarse a las nuevas exigencias del público. El cine y el teatro habían acabado por arrinconar cualquier otro espectáculo, y a pesar de que el Circo Ecuestre había incorporado a su programación todo lo que pudo, la estructura del edificio había quedado obsoleta. En 1925 se presenta al ayuntamiento un ambicioso proyecto denominado el Gran Teatro Circo. Con ese nombre figuran los planos del arquitecto Alfonso Garín, que había creado un espacio de espectáculos públicos al estilo de las grandes salas abiertas por todo el mundo al calor del éxito del cinematógrafo. El proyecto no olvidaba la gran tradición local del teatro y dotaba al nuevo Teatro Circo de un magnífico y amplio escenario.

La plasmación física del proyecto de Alfonso Garín, sin embargo, quedó muy lejos de lo que se pretendía. La sala proyectada era un lujoso edificio, con una elegante fachada y un interior que hacía envidiar a los teatros más emblemáticos de las grandes capitales. Se respetaron, en parte, el diseño y la distribución del interior de la sala y las infraestructuras básicas. Pero aquel teatro proyectado sufrió graves amputaciones a la hora de hacerlo realidad. Garín había dibujado una fachada de dos plantas, profusamente adornada, mezclando motivos neoclásicos y modernistas. Finalmente, no quedó de la fachada más que la planta baja, sin los detalles estéticos previstos en el proyecto. El interior también varió sustancialmente. Sobre el papel se dibujaba un amplio vestíbulo y dos plantas dedicadas a ubicar a los espectadores, con palcos altos y bajos, y un amplio espacio de anfiteatro. En la práctica, toda la planta superior desapareció y solo se derribó la mitad de la estructura de madera, respetando las columnas en semicírculo y la característica techumbre redonda. Quizás por esta imagen final, el Gran Teatro Circo no llegó a ser el Teatro Circo.

Entre 1943 y 1944 la sala aún sufriría una gran reforma hasta alcanzar la imagen por la cual sería reconocida prácticamente hasta su derribo, veintidós años después: "se construiría un escenario mucho más espacioso y se transformaría todo el local, del que desaparecería la pista, para acabar en un tradicional teatro a la italiana, de una sola planta, con dos filas de palcos laterales, una platea con cerca de 700 butacas y unas gradas de general, al fondo."

con capacidad para más de 300 personas". La capacidad del salón no varió demasiado con el paso de los años. En 1952 la empresa pagaba impuestos por 12 palcos, 536 butacas, 106 localidades de preferencia y 300 de general. Alrededor de 1957 aún sería objeto de una modificación más, al ser retirados los palcos y habilitar su espacio para la instalación de más butacas.

Esteve Pérez y sus sucesores —la viuda, Aurora Salort Ripoll, y el gestor, Manuel Chiner Collado—, mantuvieron la propiedad del local durante cinco décadas, aunque en temporadas más o menos largas alquilaban el negocio a otros empresarios. A comienzos del siglo XX era frecuente que se instalaran en el Teatro Circo compañías de espectáculos que recorrían España. Empresarios como Trinitario Grustán o Pablo Cornadó se ocuparon temporalmente de la gestión del local y la contratación de espectáculos entre 1903 y 1910. A finales de los años 20, el responsable de la programación fue la Empresa Verdaguer, y poco antes de la guerra del 36 se hizo cargo Antonio Abad Pastor. Pasaron otros intermitentemente, alternando con períodos de gestión directa por parte de Esteve Pérez. El nombre de Teatro Circo, él acompañó toda la vida, aunque en diferentes etapas tuvo distinto apellido. Poco después de la reforma de 1925, el éxito internacional del tenor dianense Antonio Cortis anima a sus propietarios a dedicarle el principal escenario de la ciudad. Con el nombre de Teatro Circo Cortis se mantiene hasta 1934. Pasada la etapa de la colectivización (1936-1939) y el breve período en que estuvo integrada en Empresas Reunidas de Espectáculos Públicos (1940-1943), la veterana sala lleva el nombre de su fundador: Teatro Circo Pérez (1944-1945).

Al finalizar la guerra civil y ser abolida la colectivización de espectáculos públicos de Dénia, se produce un hecho peculiar en la restitución, a manos privadas, del Teatro Circo. El empresario Antonio Abad se había hecho cargo de su gestión a partir del 28 de septiembre de 1935. La guerra y la inmediata colectivización le truncaron el negocio dos meses después, cuando aún no había concluido la primera temporada de contrato. Esta circunstancia hizo que, al acabar la guerra, fuera Antonio Abad quien recuperara el derecho de la explotación del cine y no sus propietarios legítimos. Abad se integra en Empresas Reunidas de Espectáculos Públicos, junto con los responsables del Palacio del Sol y el Salón Moderno. Los sucesores de Esteve Pérez inician una larga batalla para recuperar la explotación del local. Son numerosos los requerimientos de los propietarios al Ayuntamiento para que inspeccionen las instalaciones del Teatro Circo, ya que consideran que no están siendo conservadas adecuadamente y que sufren graves defectos de salubridad. Abad recurre y defiende también sus intereses en un pleito que se alarga unos cuatro años, cuando finalmente la gestión vuelve a manos de la familia de Esteve Pérez —a finales de 1943— y se acomete su última gran reforma. Pero aquella situación dura poco, tan solo unos meses después se inicia el proceso de venta a un importante empresario del sector instalado en Alicante, Alfonso Guixot Guixot, que compra la sala a finales de 1945. La última sesión programada en el Teatro Circo Pérez se celebra el domingo 2 de diciembre, con la proyección de Tarzán en la ciudad muerta y La senda de los héroes. Una semana después, es Guixot quien presenta su primer programa en Dénia: El límite es el cielo y la primera jornada de un popular serial, El tanque humano.

Alfonso Guixot era un empresario alicantino que tenía en la exhibición cinematográfica y la contratación de espectáculos su principal actividad. Propietario y gestor de varios cines en la capital (Ideal Cinema era el local más importante de su red de exhibición, que contaba también con otros espacios emblemáticos repartidos por toda la ciudad), había superado el ámbito local para invertir en la construcción, compra o gestión de locales en diferentes poblaciones. Elda y Dénia se incorporaron a sus planes de expansión en la década de los 40. La influencia ciudadana de Guixot era ciertamente destacada. Fue gestor de la Plaza de Toros de Alicante durante varias décadas y presidente del Hércules C.F. entre 1952 y 1954. La memoria de Guixot aún se mantiene en Alicante, ciudad que ha puesto su nombre a una calle.

Cuando Alfonso Guixot llega a Dénia inicia un proceso de concentración empresarial y en tan solo cinco años se hace con el control de los tres cinematógrafos clásicos de la ciudad: el Teatro Circo, el Salón Moderno y el Palacio del Sol, que transforma en el Cinema Sol. Guixot muere en 1956 y la empresa pasa a la titularidad de su viuda. No obstante, pronto su nieto y gestor de sus negocios, Vicente Espadas Palomares, pasa a formar parte de la sociedad y, con el paso del tiempo, adquieren la titularidad única del circuito de salas que había construido Guixot, y lo ampliará con la absorción, renovación y construcción de nuevos locales.

La empresa de Guixot mantenía una fluida relación con las autoridades locales, cediendo la sala sin contraprestaciones económicas para cualquier iniciativa ciudadana o benéfica y era frecuente el intercambio de correo con el alcalde, en un tono muy amistoso, para comentar sugerencias cívicas. No obstante, Alfonso Guixot siempre se mostró reticente a una petición que reiteradamente le hacían desde el ayuntamiento para establecer una función numerada en días festivos. La última experiencia en este sentido fue en el año 1947 y dejó escarmentada a la empresa, según se desprende de una de las cartas dirigidas en 1949 al alcalde Antonio Muñoz, que le había trasladado la demanda:

"En el año 1947 se estableció la sesión numerada que fue un verdadero fracaso comercial, ya que solamente asiste a esta sesión muy escaso personal por solicitar todos las filas 7 a 15 y las butacas centrales (...). Como quiera que en las sesiones numeradas no se consigue defender el negocio, por los múltiples gravámenes que tiene el espectáculo y que usted no ignora, y como quiera que solamente los festivos son los que defienden el negocio, y en laborables podrá usted observar que es un verdadero fracaso, espero de usted se haga cargo de lo que le manifiesto y deje continuar como hasta ahora, pues de otra forma no veo posibilidad de llevar el negocio adelante."

Quizás para intentar complacer el interés mostrado por las autoridades, el empresario introduce en mayo de 1951 una función numerada para los domingos a las 20:15 horas, pero abandona rápidamente la iniciativa, que apenas dura tres semanas. El alcalde de Dénia vuelve a insistir con lo que parece una constante reivindicación por parte de algunos vecinos. Esta vez, Alfonso Guixot, además de exponer los argumentos dados en las anteriores ocasiones, introduce una novedad: "debo manifestarle que al tener que hacer las sesiones numeradas me vería obligado a gravar la entrada con un mínimo de SEIS pesetas, y usted comprenderá que al establecer este precio el público rehuiría asistir al cine." El asunto fue reconsiderado por Guixot, quien volvió a instaurar la sesión numerada en noviembre de 1952, esta vez con una mayor continuidad: cinco meses (hasta abril del 53). Esta suspensión sería definitiva y nunca más habría función numerada en los cines de Dénia.

A veces, el mismo alcalde se hacía eco de las quejas del público, y es particularmente llamativa la crítica que le transmite al empresario alicantino, no exenta de humor, después de asistir a una proyección el domingo 29 de enero de 1961:

"Solo dos letras para participarte que el domingo último tuve que ausentarme del local Teatro Circo antes de ser terminada la proyección de la película La ley del talión, debido a que me era materialmente imposible permanecer serenamente viéndola, pues me daba la impresión de que estaba navegando en un mar de oleajes, ya que tal era el efecto que producía el desenfoque en la pantalla o lo que fuera, lo que unido a la deficiencia auditiva dio lugar a las múltiples quejas que he recibido, fundamentadas con lógica por las razones expuestas y darse la casualidad que fue el primer día de aumento del precio de las localidades."

Es Vicente Espadas quien responde con sorpresa ante la queja del alcalde y recuerda que precisamente acaba de hacer una elevada inversión para garantizar una visión perfecta, con el cambio de máquinas y altavoces. Piensa que solo puede deberse a la impericia del personal, que aún no está familiarizado con la nueva técnica, y espera normalizar pronto la situación "para bien de ustedes, y el mío propio".

El Teatro Circo ha sido históricamente el local de referencia del mundo del espectáculo en Dénia. Su escenario ha conocido todas las manifestaciones artísticas que el siglo XX ha dado para la diversión popular. Teatro, circo, cine, vodevil, títeres, boxeo, zarzuela y ópera, danza, actuaciones de cantantes, grupos musicales y corales... Todo se ha visto en el Teatro Circo durante sus setenta años de existencia. Además, era el lugar preferido para las iniciativas públicas de los ciudadanos. Los grupos de teatro local tenían en él unas instalaciones privilegiadas; los partidos políticos y los sindicatos convocaban allí, hasta la llegada del franquismo, los mítines y asambleas; las fallas hacían las presentaciones; los colegios organizaban festivales y cualquier colectivo cívico sabía que contaba con el Teatro Circo para sus actividades de cara al público.

En la búsqueda de material para este trabajo se han encontrado decenas de folletos publicitarios anunciando las actuaciones comerciales y benéficas que se programaban en el Teatro Circo. Creímos interesante hacer una selección de espectáculos, al margen del cine, para ilustrar lo que representaba aquel emblemático salón para los ciudadanos de Dénia. No es una relación exhaustiva, y no es seguro que sean las actividades más destacadas de su historia como local de espectáculos, pero puede tener el valor añadido de retratar una época y una determinada manera de entender el ocio de los ciudadanos.

En las primeras décadas el teatro era la razón de ser del Teatro Circo. Ya hemos dicho que el circo era el primer objetivo, pero el teatro pronto tomó el protagonismo. Los grupos locales de aficionados y las compañías ambulantes competían por ofrecer semanalmente funciones que eran esperadas y aplaudidas por la población. Participando en una representación o asistiendo como público, el teatro ocupaba las horas de ocio de los dianenses de principios de siglo. Después vendrían las variedades y los espectáculos que combinaban humor, canciones, bailes y atracciones muy diversas.

Incluso la hipnosis era objeto de admiración entre los espectadores que se maravillaban ante las aptitudes del popular Profesor Alba, un personaje que periódicamente visitaba la ciudad. Tenemos constancia de tres visitas del enigmático profesor al Teatro Circo en tres décadas diferentes: el 9 de enero de 1935, el 2 de abril de 1946, y el 14 de mayo de 1956. En esta última ocasión ofrecía once exhibiciones dentro de su "espectáculo científico-recreativo de hipnotismo colectivo". Citaremos algunas: transposición de sentidos, operaciones aritméticas por control remoto, estado cataléptico, transmisión de pensamiento, facultad retiniana que ve a través 

de cuerpos opacos... También eran habituales unos payasos de gran popularidad durante la posguerra, los Hermanos Cape, creadores de unos chistes rápidos que comenzaban siempre con la expresión "¿Qué le dijo...?", y con los cuales se pudieron reír los espectadores de Dénia el 7 de abril de 1946 y el 28 de noviembre de 1947.

Los espectáculos populares eran muy habituales en los años 40 y 50.

Entre las numerosas actuaciones musicales cabe destacar la presencia del ídolo de la canción hispanoamericana, Antonio Machín, estrella del espectáculo Melodías de Color (20 de febrero de 1949). El 13 de marzo de 1959 llegaba un montaje musical con más de 60 artistas en escena, Por un clavel, que tenía como protagonistas la pareja formada por Carmen Morell y Pepe Blanco. La falla Oeste contrataba para el final de fiesta de su presentación, el 1 de marzo de 1961, el espectáculo Torneró, con una representación de la música melódica italiana del momento: Nella Colombo y Torrebruno. Las famosísimas y admiradas "Xiques de Colsada" se presentaron en Dénia el 9 de noviembre de aquel año, con la vedette Mary Francia como cabeza de cartel de Buscando una estrella. El 11 de agosto de 1962 se reunían en el mismo escenario tres nombres muy populares del flamenco: Juanito Valderrama, Emilio el Moro y la Niña de la Puebla. El 12 de noviembre del mismo año era 

el espectáculo ¡Hallo, Hallo... Variety! al frente del cual había dos cómicos de renombre como eran Mary Santpere y Alady. Más adelante llegaría el Dúo Dinámico, que provocaría una auténtica locura entre la juventud que llenaba el local.

En cuanto al teatro, la lista de programas del Teatro Circo sería inacabable. Citaremos solo algunas de aquellas representaciones que trajeron a la ciudad momentos inolvidables de la escena española. En la avanzada posguerra, y al hacerse cargo Alfonso Guixot de la gestión, comenzaron a proliferar compañías de prestigio que tenían el sello de calidad de sus actores principales. El dúo Paco Pierrá y Asunción Martí puso en escena dos obras, Mi hija será feliz y La prueba del ángel, los días 2 y 3 de marzo de 1946. El día 23 del mismo mes es la compañía de Luis Prendes con la obra La muralla. La empresa del Teatro Martín de Madrid, dirigida por José Muñoz Román, escenificó el 6 de enero de 1948 la opereta cómica ¡5 minutos nada menos! con Pepita Huerta como primera actriz y dos nombres secundarios que después llegarían a tener gran popularidad, Alfonso del Real y Erasmo Pascual. Hasta el final de la década de los 50, los espectáculos teatrales son muy frecuentes y, entre otros, participan compañías acreditadas como las de Josita Hernán, Antonio Casal, Enrique Rambal o Ismael Merlo.

El ambiente teatral se vio reforzado por el vínculo que estableció una pareja artística de alto nivel con Dénia. La actriz Tina Gascó y el actor Fernando Granada, que formaban matrimonio, fijaron su segunda residencia a las afueras de la ciudad, en una magnífica finca de la partida Les Alqueries. Eran los artistas titulares de la compañía del Teatro Reina Victoria de Madrid y ambos, juntos y por separado, protagonizaron diversas películas de gran éxito. Entre las de ella destacaremos Doña María la Brava, y de Fernando Granada, que tuvo una carrera más larga ante las cámaras, Filigrana, Vértigo y Rumbo. Pero el teatro era su verdadera dedicación principal. Tina Gascó estaba considerada una de las primeras damas del teatro español de aquellos años. El 29 de abril de 1946 su compañía ofreció una representación 

a beneficio del Hospital de Dénia y a partir de ese momento su presencia en la ciudad fue constante, y llevó a la escena dianense algunas de sus montajes más importantes. Prácticamente todos los años tenían su cita con el público de Dénia. Principalmente lo hacían en fines benéficos y, de vez en cuando, se involucraban en proyectos con los grupos de aficionados locales. En una de estas representaciones, Rosita Oltra y Luis Cuenca, compartieron Marianela, dos actores dianenses, con Carlos Larrañaga, que pasaba unos días de vacaciones en la finca de Tina Gascó y Fernando Granada. El 8 de junio de 1960 la compañía del popular autor Guillermo Sautier Casaseca representó en el Teatro Circo La verdad escondida, con Tina Gascó como primera actriz y José Bódalo como primer actor y director de la obra. Tres años después vuelve la actriz enamorada de Dénia al frente de la compañía del Teatro Principal de Valencia con la obra de Alfonso Paso Aurelia y los hombres. Acababa de ser nombrada hija predilecta de la ciudad por el ayuntamiento.

Las incursiones de los aficionados locales al teatro y al mundo de la interpretación fueron muchas y sería imposible citarlas todas. No obstante, no podemos pasar por alto un experimento curioso que reunió a más de 40 dianenses en una empresa única, sin precedentes ni repeticiones posteriores. Lo organizó la Peña Cultural y Deportiva y se anunciaba como la reaparición del grupo Ronda de la Marina. Partía de un guion cómico original del dianense Vicent Balaguer y a su alrededor se montó un divertido espectáculo con música, bailes y canciones que resultó un gran éxito: La bomba de Baluba. Fue el miércoles 11 de abril de 1962 y se hicieron dos funciones.

"Con temas inéditos y de actualidad y la ilustración de las más jugosas y trepidantes partituras musicales.
Como cualquier importante espectáculo bajo la carpa de los grandes circos, para montar estas representaciones ha sido necesario movilizar a 40 artistas aficionados, 40.
Canciones melódicas. Ritmos trepidantes. Toda la gama de la música condensada en este espectáculo, interpretado por un plantel de bellísimas muchachas... y algunos hombres feos."

Los últimos años de existencia, el Teatro Circo ya presentaba signos claros de envejecimiento. Las innovaciones se aplicaban a los sistemas de proyección, pero el edificio y sus instalaciones evidenciaban un claro deterioro físico. Humedad en las paredes, material desgastado y con desperfectos... Lo único que quedaba lujoso era el magnífico y colorido telón, con un cierto aire oriental, que cubría el amplio escenario. Aquel telón se bajó por última vez el 22 de mayo de 1966. 360 personas pagaron 16 pesetas para asistir a sus últimas horas de vida. Siete días después comenzaba el derribo y la leyenda. En la prensa local del momento, una voz se alzaba para defender su memoria:

"¡Adiós, templo de evocación de tantas cosas buenas! Otro local se levantará en tu sitio, quizás más bello, pero tú perdurarás entre nosotros con el recuerdo de nuestra juventud perdida."

 

 

Texto obtenido, con toda nuestra gratitud y reconocimiento, del libro: "DÉNIA, CIUTAT DE CINE" (Libro muy recomendable para todo el estudioso y amante del cine)

Colaborador: Paco Moncho